lunes 10 de diciembre de 2007

UNA PRUEBA MÁS


Los hombres del Ayuntamiento bajaron la cuesta empedrada que partía en dos el principal pabellón del cementerio. Había que caminar ciento treinta yardas antes de girar a la izquierda, llegarse hasta la fuente nueva, y tomar la dirección de los cipreses recién plantados, los que sustituían a aquellos que derribó la tormenta del último verano. Una vez en el lugar, y en lo que era una lápida sin nombre (sólo las iniciales H66RVSTD), comenzaron a sacar el ataúd.

Esperaron a que volviera el juez de Hibbing, que había ido a orinar en mitad del trabajo. Cuando volvió abrieron la caja, vieron que estaba vacía, y en medio del silencio la volvieron a enterrar. Nadie quiso recordar nunca nada de lo sucedido. Para todo el pueblo, para todo el mundo, ahí abajo estaban sus restos. Pero el rumor estaba tan vivo como el hombre que se suponía allí abajo. Pueden preguntar a los viejos del lugar, que nada saben de música ni de mitos. Dylan estaba vivo.

domingo 11 de noviembre de 2007

MP3

(“Existen cielos que yo jamás veré”) Son casi las diez cuando me llamas para decirme que has llegado bien, que la ciudad parece agradable, que parecía que las maletas no iban a salir nunca por la cinta. Comeré algo, no te preocupes, si es que voy a casa a mediodía. (“Ya se han confirmado mis temores”) Cuelgo y salgo a la calle en un día de sol de esos que no tocan en estas fechas (“y sé que niña tienes miedo”) y me voy caminando hasta el lugar concertado, donde saco la cinta, el bloc, sonrío y hago preguntas a un desconocido. Poco después sigo sonriendo, paro la cinta, digo que hemos terminado, y me tomo el tercer café de la mañana (“Y duelen las horas en la oscuridad”). Camino apresurado hasta el estanco, donde sello una quiniela con cuatro dobles y dos triples, confiado en que el Mallorca vaya a dar la sorpresa. Bajo por el centro de la plaza, compro el periódico (“Son tiempos de paz, pero sólo es lo que ellos llaman paz”).

Es de noche cuando vuelves a llamar desde un lugar de Europa, donde te ha tocado un hotel acogedor, con cortinas azules y un conserje simpático. (“Me pregunto donde estarás”) Yo respondo que me iré pronto a la cama, quedo en estar atento mañana a tu llamada y me quedo en la cocina (“Me pregunto por qué no estás aquí”). Fue un buen día, pienso, en la casa sola. (“y duelen las horas y yo le rezo a mi Dios que súbitamente un rayo nos parta a los dos”). Apago la luz y digo hasta mañana, sin que nadie me responda.

(Que nos parta un rayo es una canción de Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge

incluida en el disco Verano Fatal)

lunes 29 de octubre de 2007

dime que sí

Te hablo de estudiar juntos

la anatomía de los años desgastados

las pesadillas infantiles

te hablo de verbos de acción

pasear reír averiguar

toda la verdad de mis palabras

observar juntos el humo

verbos de acción cariño

deliberar

poner remedio

a la tristeza que un día

nos ha de sepultar.

lunes 24 de septiembre de 2007

LEYENDO A CHANDLER


Era insultante aquella amargura que se adivinaba en tus compañeros de vagón, gente de provincia con mala cara, con la dicha de la resignación en las pupilas. Era insultante digo, acompañarte cada lunes a la alegre estación, comprobar que quien se marcha añora ser el que se queda, y todo lo contrario, por supuesto., Luego la mañana del lunes sabía a poco, aunque comenzara con toda la firmeza del nuevo orden que se inicia, un empezar de cero cotidiano, semanal, y, quién sabe porqué, a veces necesario.A la noche me llamabas desde calles de Madrid con nombres familiares, te acordabas de mí, no se te olvidaba la noche formidable del sábado anterior, contabas las horas hasta el viernes, y no sé cuántas cosas más. No lo echo de menos. Me fijo en el libro entre mis manos, en las palabras cortas que usa Marlowe para explicar cómo era la casa de la rubia, y pienso en ti sólo por su metáfora: “Los sofás eran rojos y vacíos, más propios de una estación de tren que de un salón de estar americano”.

jueves 13 de septiembre de 2007

BIOGRAFÍA DEL GEGERAL JACKSON, FRAGMENTO ALEATORIO NÚMERO 22


Pasó por la habitación contigua al habitáculo donde se aseaban y se vestían, aunque no fuera una costumbre demasiado bien vista. Miró a su izquierda, a la bañera repleta de agua, y fijó la que sería la última imagen que el general tendría de su hermano, tres años más joven.
Sumergido en el agua, despeinado, con grandes ojos y la boca abierta.
La bañera en la que se ahogó había pertencido a su abuela materna, herencia de un militar que la robó en uno de los antiguos fuertes españoles de antes de la independencia. No le dio pena verle así. No sintió nada. Su hermano había sido la última cosa en el mundo que se podía querer.Pensó que quería más a la bañera. Era más militar, al fin y al cabo.

lunes 27 de agosto de 2007

BIOGRAFÍA DEL GENERAL JACKSON, FRAGMENTO ALEATORIO NÚMERO 51

Declaraciones de Ari Mashanu, médico asistente que acompañó al escuadrón del general Jackson en su epopeya por la llanura de un río sin nombre, al este de la montaña homónima.
"Tenía una idea aproximada de lo que era la medicina, más parecida a la brujería, aunque no era ciertamente un hombre supersticioso ni nada por el estilo. Recuerdo nuestro peor episodio, después de una batalla cruenta en un valle al este del condado. Debimos de tener doscientas bajas, después de luchar cuerpo contra cuerpo en el barro y bajo la lluvia. Cuando el general llegó a la enfermería yo lo tenía todo dispuesto. El olor del barracón siempre me hacía pensar en el olor de los peores sitios de la tierra. Olor a entrañas, a sangre, a cuerpos rígidos y fríos sacrificados por la causa del país.
El general no parecía nunca disgustado, ni contento. No lo parecía en las derrotas, y no lo parecía en las pocas victorias. Ese día mi diagnóstico fue de lo más extraño. Me camuflé bajo mi libreta haciéndole creer que leía lo que le estaba relatando, pero él tuvo que saber que lo hacía para esconderme de sus ojos. Nunca en mi vida de médico de guerra había visto algo así, y así se lo expliqué al general: “General, no sé a qué se debe, pero es curioso. Los muertos tienen todos el brazo izquierdo amputado; todos absolutamente. Los heridos, en cambio, tienen todos una pierna de menos, en su mayoría la pierna derecha. No tengo una explicación que darle; algunos heridos sobrevivirán, si hay suerte. Otros no, mi general, necesitan cuidados que aquí no podemos dar. Usted dirá lo que hacer, pero yo en su lugar investigaría el asunto de los brazos y las piernas; quizá nos enfrentamos a algo más que hombres”.
El general Jackson salió del barracón sin contestarme. Fue a su tienda, cenó solo, y no lo volví a ver hasta la mañana siguiente. Entonces anunció la retirada".

martes 21 de agosto de 2007

DESCONOCIÉNDONOS

Una vez escribí un cuento en el que aparécía una Maga, sin haber yo pasado por la lectura de Rayuela, y sin conocer, por tanto, a aquella musa de Cortazar que me convertía en un triste imitador. Mi Maga era maga de verdad, con el beneficio añadido de que no llegué a conocerla lo suficiente como para ver sus defectos. Hace poco conocí otra maga. Tampoco la he podido conocer tanto como para ver su lado malo, pero sorprendentemente tiene muchos puntos en común con aquella otra maga que me tuvo enamorado como un mes. Alguien dijo que el amor dura hasta que conoces a su familia. Es chistoso, pero a veces incluso dura menos. Mi maga se va, desaparece por un tiempo, tal como vino. Volverá y estaré en primera fila, escuchando atento; pidiendo silencio al auditorio; esperando a que acabe para levantarme y aplaudir hasta dejarme las manos rojas, porque la maga lo hace todo bien, y hasta hoy no le encontré ningún defecto.